Estética y alimentos

Autor: 
Prof. Silvia Barbieri

Estética y alimentos
Silvia Barbieri de D’Agostino
En los últimos años la predilección por lo estético ha ganado terreno. Considerar “bella” a una persona o producto le confiere un valor agregado garantizando aceptación. En el caso de los alimentos, los parámetros de lo bello incluyen por supuesto lo rico, lo sabroso, lo deseable, y últimamente lo estimulante. Para cubrir todos estos requisitos la industria ha recurrido a diferentes estrategias como publicidad y packaging. Cualitativamente los alimentos se han modificado para resultar más aceptables al consumidor. El uso de colorantes, gelificantes, estabilizantes, conservantes, azúcares refinados, agregado de sal, grasas trans o hidrogenadas, etc, son moneda corriente.
Nos preguntamos: ¿Los consumidores “necesitan” que los alimentos sean más agradables a la vista? ¿O esa necesidad se instala como estrategia de venta? ¿No se han naturalizado determinados colores y sabores? ¿Acaso resultan de igual color las masitas de chocolate caseras que las compradas? ¿Por qué los niños prefieren una bebida cola que un jugo exprimido? ¿Por qué esa archisaturación de grasas trans y sal de los snack se han vuelto casi una adicción?
Las múltiples demandas de la familia hoy, tampoco permiten dedicarle más tiempo a la selección y elaboración de alimentos. ¿No habrá que replantearlas? .El ritmo en el que estamos insertos ¿no responde a la misma lógica del mercado recién mencionada?
El azúcar y la sal, usadas en la industria y hogares, responden a esta estética. Más blanca y corredizas parecen de mejor calidad. Estas dos “chicas” han sido pasadas por el quirófano de la cirugía estética, les cambiaron el peinado, las maquillaron, las vistieron, las “produjeron”. ¿Conservaron sus nutrientes originales? ¿Cuánto de azúcar y de sal hay en ellas?
Más producción y abaratamiento han llevado a la pérdida de los tiempos lógicos y naturales. Ejemplos: huevos a escalas siderales, hormonas incluidas; varias cosechas en un año (mediante agroquímicos); procesos de secado y maduración (la yerba); transgénicos (tomates); fruta fresca y envasada (dulces, conservas), antibióticos en la industria láctea…
¿Qué podemos hallar en el mercado, como alternativa a la oferta convencional de productos altamente industrializados?
* Artículos sueltos. Harinas, granos, semillas, etc. No implican más calidad del producto. La presentación abarata costos y parece “más natural”.
* Artesanales y/o integrales. Tienen un proceso de industrialización diferenciado, generalmente sin conservantes, colorantes, etc, o preservando ciertas propiedades de los granos, por ejemplo. Son cultivados del mismo modo convencional que aquellos comercializados por las marcas reconocidas.
* Los alimentos orgánicos o ecológicos. Implican desde su cultivo la producción libre de agroquímicos, no transgénica y sin aditivos sintéticos en los subsiguientes pasos de procesamiento (por ejemplo harinas, yerba, aceites, dulces, conservas, quesos).
La alimentación cubre una necesidad básica de los seres humanos. Está atravesada por los valores de cada sociedad y afectada por los ritmos del mercado. Nos quedan más interrogantes que certezas. Tal vez sea tiempo de empezar a buscar respuestas.